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¿Porqué  JUZGAS?

Eres crítico y exigente con los demás. Crees que ese es el papel que se espera de ti. Crees que es normal evaluar al otro. Te sientes con el derecho de acusar alguien que hace algo “mal” (según tu criterio).

No hablo de pensamiento crítico, sino  de  criticar y juzgar a otros. No confundamos  ser crítico con pensamiento crítico, son cosas diferentes.

Que las personas seamos criticas es lo que  impide que disfrutemos plenamente nuestras relaciones y la vida en general, como lo hacen otras personas que poseen una visión y actitud más flexible y tolerante ante la vida y hacia sí mismos.

 gotas

Cuando nos molesta mucho ciertos defectos o comportamientos de los demás, podemos deducir que ESOS MISMOS son los nuestros, aunque estén retenidos o reprimidos. Cuanto más nos desagradan (los ajenos) es porque más nos duelen los propios.

 

Se que cuesta creerlo, pero observate con absoluta sinceridad, no es necesario que lo reconozcan en público.  Es suficiente con que cada uno lo veamos en nosotros mismos.

Si observas bien, verás que a veces, ese defecto que tanto te molesta en alguien y te da “vergüenza ajena”, es porque en el fondo “sientes”, “recuerdas”, muy en tu interior  que en alguna ocasione tú fuiste así o te comportaste así. 

Por eso sientes la vergüenza ajena. Si no, ¿por qué habrías de sentirla?.

Al recriminar y rechazar esos defectos en los demás, parecería que esas actitudes fueran lo más impensable y lejano en nosotros. Es una manera de expresar que no queremos tener dichos defectos. 

Pero nuestro rechazo molesto es señal de que AÚN ESTÁ PRESENTE, DE ALGUNA MANERA, EN NOSOTROS, si no en nuestra actividad del momento, sí al menos, como recuerdo del pasado.

autoobservarse

Cuesta mucho ser sincero y honesto con uno mismo, al admitir que debilidades y fragilidades que nos disgustan y mortifican no sólo son defectos de los demás sino también nuestros.

 Cuando vemos que también nosotros tenemos los defectos que nos molestan en los otros, nos volvemos mucho más comprensivos y tolerantes.

El ser humano es muy dado a la desaprobación, la crítica y la condena. 

Cuando te sientas muy molesto por los defectos de los otros, MÍRATE DENTRO. Obsérvate. Puede ser una buena ayuda para corregirte y mejorarte.

Y sobre todo será un buen camino para comprender a los demás y aceptarlos y por ende, ACEPTARTE.

Te propongo un ejercicio, mira,  cuando te dices:

 “Pero ¿qué le pasa a esta persona?” “¿Por qué hizo esto….?” O “¿Por qué no hizo esto…?,”  estás juzgando.  Entonces, puedes cambiar la pregunta interna  y decirte: “¿Acaso yo actuaría mejor que ella en su circunstancia? ¿Yo soy tan maravilloso y él/ella no lo es?”

En realidad, las personas hacemos lo mejor que podemos en nuestras circunstancias, con los recursos y capacidades que contamos en ese momento. ¿Por qué entonces juzgarnos a nosotros mismos o juzgar a los demás?

 

Puedes dar tu opinión, pero sin intentar que las personas recorran y miren la vida de la misma manera en que tú lo haces. Más que nada porque no es la única visión válida.

Piensa primero en cómo te hace sentir que te juzguen a ti.

A lo largo de nuestra vida todo lo que nos sucede cambia nuestra forma de ver las cosas. Lo que hace unos años veíamos como correcto ahora ya puede serlo.

 Sé flexible y nunca juzgues. ¿Podrías intentarlo?

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